Hacia una democracia social y participativa
José María Adán GarcíaEl ámbito ciudadano de "los indignados" es mucho más amplio y con motivaciones más profundas que el de los que se atribuyen dicha calificación en algaradas y manifestaciones.
Estas por su origen y por la absorción que de su protagonismo intentan partidos y grupos causantes directos de las carencias de nuestra democracia, no llegan a aglutinar el sentir general, pues no están claros sus objetivos y se sospecha su manipulación electoralista. Esperamos pues que la sociedad con su instinto justiciero, descubra a tiempo cualquier maniobra y no consigan sus fines, en el fondo negadores de la democracia que dicen propugnar.
Sin embargo algunas de las consignas promovidas por algún sector autentico, que también los hay, "compañeros de viaje" del Movimiento del 15M, son validas, si las consideramos independientes del resto del popurrí ideológico-táctico que lo conforma.
¿Acaso el partido comunista que se ha precipitado a intentar compartir la movida a estas alturas, puede presentarse como "demócratas de toda la vida"?¿En que país del mundo donde estén en el poder hay democracia? (Corea, China, Cuba...) ¿Cual ha sido la democracia existente en los países del este europeo, hasta la caída del Muro de Berlin?
¿Acaso el partido socialista, que protagonizó la Revolución de Asturias y el Frente Popular contra la República Democrática, y que ahora ha obstaculizado hasta la saciedad el sistema democrático, construido con esfuerzo sobre el espíritu de concordia de la transición, puede hablarnos de DEMOCRACIA REAL?
¿Quien ha proclamado y llevado a efecto "la muerte de Montesquieu"?¿Quien ha implantado y aplicado inmisericordiamente el pacto de TINELL, negando todo acuerdo o colaboración con la oposición (al menos media España), aunque eso fuera contrario al interés general y al revés de lo que se practica en los países de democracia mas avanzadas?
¿Quien ha suplantado la soberanía nacional, que corresponde al conjunto del pueblo español y no a ninguna de sus parte, potenciando los objetivos de las minorías secesionistas, a cambio de su apoyo para permanecer en el poder?
¿Quien pretende imponer el "pensamiento único", en los medios de comunicación social e incluso en la enseñanza de los niños a traves de una partidista asignatura como la "educación para la ciudadania"?¿Quien ha mantenido la ley electoral, cuyos resultados son antidemocráticos, pues implican el predominio -mediante pactos espúreos- de las minorías secesionistas, sobre la mayoría democrática?¿Quien ha politizado y ocupado escandalosamente (de lo que son un ejemplo las sentencias sobre el Estatuto Catalan, Bildu y Faisán...) el poder judicial?¿Quienes propugna una deriva totalitaria, imponiendo el aborto, la eutanasia, la supresión del crucifijo en las escuelas, la memoria histórica solo de una de las partes, el laicismo obligatorio... a una sociedad cuyo sentimientos son mayoritariamente ajenos a esas pretensiones?¿Quienes nos han llevado a la mayor reforma antisocial y super capitalista y al desastre de 5 millones de parados?
No. No están legitimados para hablarnos ahora de DEMOCRACIA REAL.
Tenemos razón los INDIGNADOS, cuando decimos que nuestra democracia es aparentemente formal, e injusta y no permite la participación real de la ciudadanía. No solo por las razones expuestas que la han desfigurado; sino porque hay realidades institucionales y legales que la impiden
Ya en su origen, al establecer los partidos políticos, como único y exclusivo cauce de participación, se están excluyendo intereses sociales e instituciones que quedan fuera del ámbito de los partidos.
Todo ello se acentúa, si ademas los partidos:
-No representan a la mayor parte de la Sociedad que es ajena a los mismos y su militancia es exigua respecto a la población total.
-No son democráticos en su funcionamiento interno.
-Utilizan su sistema electoral de listas cerradas, formadas al margen incluso de sus propias bases, por sus cupulas convertidas en un sindicato de intereses.
-Reiteradamente ponen los intereses del partido y su permanencia en el poder por encima del interés general. De ello es un ejemplo sangrante la radical exclusión de acuerdos necesarios de interés nacional, entre los partidos mayoritarios y el pacto espúreo con los nacionalismos identitarios.
-No tienen como objetivo principal el bien común, si no conformar al ciudadano y a la sociedad según sus dogmas, a veces trasnochados. Por lo tanto dejan al margen de su acción politica, aquello que no interesa al partido o no sirve para sus fines prioritarios que son los electorales, para permanecer en el poder.
-No facilitan la representación real de la sociedad en los centros reales de poder económico, financiero, cultural, ideológico...
- La participación real se reduce a emitir cada cuatro años una papeleta para elegir una candidatura cerrada y ajena con los limites que señalan las posibilidades subvencionadas de financiación y propaganda.
- Ocupan nepóticamente y con grave carga para la sociedad, no solo los poderes del Estado, sino incluso las entidades intermedias entre ambos.
-El sistema de votación en las Cámaras legislativas, impide la libre opinión de los parlamentarios, sometidos al imperativo del partido a través de su portavoz.
-Las áreas específicas de concurrencia socio-política carecen de cauces propios de participación (la mujer, la juventud, los jubilados, los trabajadores, los empresarios…) subsumidos, sin voz propia, a la estructura dogmática del partido.
- La ocupación partidista previa de las estructuras del poder (financiación por bancos y cajas politizadas) y el monopolio previo de los medios de comunicación social, limita la libre concurrencia.
-La institucionalización del clientelismo político (diputados, alcaldes, concejales con sueldos desorbitados) a lo que hay que añadir miles de asesores ¿de qué? Y funcionarios ingresados anormalmente, no solo en la administración, sino también en miles de empresas públicas, mixtas, participadas… muchas de ellas innecesarias y deficitarias, que no solo gravan al ciudadano, si no que suponen una red de intereses limitativa de la libertad.
- La conversión de los sindicatos en correas de transmisión del dogmatismo e interés de los partidos. Es escandalosa la inacción sindical frente a un gobierno con cinco millones de parados. Los sindicatos han renunciado a su afán, inherente al sindicalismo, de innovación social y de defensa de los intereses de los trabajadores.También se subvencionan millonariamente a costa de la presión fiscal al ciudadano, cuando deberían financiarse con la cuota de sus afiliados. A ello hay que añadir el escándalo de los cientos de miles de "liberados", agentes pagados de una acción sindical obediente a su partido.
- La politización partidista del poder judicial (jueces de "IV turno", magistrados de reconocido prestigio, forma de denigración del Poder Judicial, Tribunal Constitucional, Tribunal Supremo, Tribunal de Cuentas, Consejo de Estado, Fiscal del T.S…) impide las garantías inherentes a un Estado democrático de derecho y la igualdad de los ciudadanos ante la ley.
Finalmente, si a todo ello sumamos, las crecientes diferencias de derechos y obligaciones (políticas, sociales, fiscales, idiomáticas, culturales, asistenciales) que implican la anómala y antidemocrática aprobación de algunos estatutos autonómicos como es el caso catalán…
La conclusión es que el sistema parlamentario, EXCLUSIVO de los partidos políticos, tal como lo tenemos establecido en España, dista mucho de ser una democracia REAL, SOCIAL Y PARTICIPATIVA.
Por estas razones, comparto, plenamente la afirmación inicial de los indignados, de que "queremos una DEMOCRACIA REAL".
¿Quiere esto decir que hemos de suprimir los partidos políticos o el sistema parlamentario? Evidentemente no. Eso nos llevaría directamente al totalitarismo. Los partidos garantizan el pluralismo de la sociedad y la posibilidad de asociación por afinidad de ideas, lo que es consustancial a libertad.
Pero si nos lleva a la conclusión de que hay que reformar el sistema y corregir sus corruptelas. De que
hay que completar el sistema de participación de los partidos con otros cauces de representación de intereses colectivos, que no están suficientemente representados
Una democracia real, no es sustituir el sistema parlamentario por una REPRESENTACIÓN ASAMBLEARIA, convocada irregularmente, sin ninguna legitimación democrática previa, dirigida por elementos partidistas, según las conocidas técnicas del AGITROP, para conducir, a los siempre minoritarios asistentes, hacia sus propios propósitos. Esa táctica –parecida a los soviets decimonónicos-, conduce siempre al totalitarismo. En el mejor de los casos a reforzar la deficiente partitocracia que padecemos.
La pretensión de que queremos una democracia real, debería ser acompañada –si de verdad se pretende- de la propuesta de las reformas necesarias para lograrlo.
Es una convicción compartida por los teóricos de la política de occidente que los partidos políticos, aunque necesarios para garantizar el ejercicio de la libertad y la participación democrática, están lejos de representar los intereses de la sociedad y se han convertido en un sindicato burocratizado de intereses propios.
Max Beloff, Zampetti, Ardigo, Bogalini, Diberger, Walter Lippmann, y más recientemente Cianni, Vettino, Roberto Manglades, Hans Herbert, Joannes Ran, Sosa Wagner, en su reciente obra "El Estado fragmentado", Wetts Ronan en el suyo sobre "Sistemas liberales comparados" y textos tan importantes como "Democratie in Europe" de la editorial Tuttlingen Moliz Siebec así lo evidencian. En realidad estos pensadores actualizan, ante los fallos actuales de los sistemas parlamentarios a través exclusiva de los partidos, el pensamiento procedente principalmente de izquierdas de Julián Besteiro, Fernando de los Ríos, Salvador de Madariaga en su libro "Autarquía y anarquía", Alfonso Posada, Hegel, el Krausismo, el pensamiento organicista de la Institución libre de enseñanza, Gines de los Ríos, Husley, Mendes France y José Antonio Primo de Rivera.
Es necesario romper la EXCLUSIVIDAD de acceso al poder político de los partidos y completarla –no sustituirla- con otros cauces por los que otros afanes colectivos puedan participar en el poder político como sindicatos, cámaras, territorios, etc.
Pero esto, aún siendo básico, no elimina las anomalías que la actual regulación y funcionamiento que los partidos políticos tienen. Sería como poner una cataplasma sobre una herida infectada, sin sanearla previamente.
Por eso es imprescindible DEMOCRATIZAR LA DEMOCRACIA PARLAMENTARIA Y SU BASE QUE SON LOS PARTIDOS POLITICOS.
Solo con ambas medidas se alcanzará una DEMOCRACIA REAL.Alcanzar este objetivo requiere modificaciones legislativas ya inaplazables, entre las que cabe citar:
- Nueva ley de partidos políticos, que contemple su autofinanciación y su democratización.
- Nueva ley electoral estableciendo, la exigencia de implantación nacional y una segunda vuelta para los partidos mayoritarios, para participar en las cámaras legislativas.
- Nueva ley sindical que exija su autonomía, su independencia, su autofinanciación y su proporcionalidad representativa en relación con el número real de sus afiliados, respecto al conjunto de la población laboral.
- Nuevas leyes del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, garantizando su independencia y su constitución al margen del poder ejecutivo y de los partidos políticos.
- Modificación de la ley sobre educación para la ciudadanía, que evite todo adoctrinamiento partidista.
- Modificación de la ley de la Memoria Histórica, para que contemple con objetividad, lo que corresponda a cada una de las partes de la Guerra Civil.
- Reconversión de los estatutos autonómicos en los que se haya transferido funciones o competencias que por su propia naturaleza correspondan al Estado, garantizando la igualdad ante la ley de los ciudadanos españoles en todo el territorio nacional, limitando su capacidad de gasto; y delimitando competencias a fin de evitar costosas duplicidades.
Medidas todas ellas dichas a título indicativo y no exaustivo, pues implican numerosas modificaciones legislativas.
No podemos terminar estas consideraciones, sin hacer alusión a su fundamento. La democracia se convierte en una "superestructura formal", si no está enraizada en la profunda libertad de la persona. Las libertades esenciales de conciencia; de religión; de asociación; de reunión; de manifestación; de acceso a los medios plurales de comunicación social; de elección por los padres y por los promotores de sistemas educativos, de la enseñanza que desean para sus hijos; de utilizar libremente el idioma que desean; de tener garantizada la igualdad ante la ley –hoy en crisis- son los cimientos "si ne qua non" para que sea posible una democracia real.
¡Queremos una democracia real!
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