16.3.11

AENA: viajeros, huelgas y el precariado que se viene.

Jorge Moruno


La amenaza de huelga de los trabajadores de AENA, han confirmado todas las sospechas que apuntan hacia un imaginario social cada vez más reaccionario.

Cuando los controladores aéreos dejaron vacios masivamente sus puestos de trabajo, las discusiones en la izquierda, se centraban en si había que denostar a los controladores por corporativistas y privilegiados, o por el contrario, comprender que lo importante era la amenaza de privatización.


Pues bien, ahora cuando son simples y llanos trabajadores, quienes encuentran en la huelga su mecanismo de resistencia, la lluvia de insultos y deseos de mano dura contra ellos, no ha variado un ápice por el hecho de cobrar 1200 euros en lugar de 200.000 euros.
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Es decir, mientras que la izquierda levitaba en su mundo discutiendo sobre un verdadero posicionamiento, al conjunto de la población lo único que le importa es sacralizar su derecho a viajar, se ponga quien se ponga delante.


El mapa sociolaboral se presenta extremadamente grave por dos motivos, principalmente. En primer lugar, comienza a desvanecerse la idea de que las huelgas son un mecanismo democrático, necesario para la defensa de los intereses de los asalariados. Todo un trastorno cultural y antropológico, que interpreta los derechos entendidos como consumidor y cliente, orgulloso de un cinismo que se jacta de pasar de la política, pero que comprende a la perfección las bases del funcionamiento de un libre mercado aparentemente despolitizado.

En segundo lugar y como reacción a la reacción, las posturas y discursos de los sindicatos, suelen afianzarse en la idea originaria del movimiento obrero, de mitos y ritos impolutos, casi sagrados, en los que hay que insistir porque al parecer no se han repetido lo suficiente. Por lo tanto, se presenta un escenario borroso y de difícil solución.


En ningún momento el debate gira en torno a la privatización de bienes públicos, bien sea porque las posiciones se apoyan en la supuesta eficiencia del mercado, o bien sea, porque se asume –inconsciente o conscientemente-, la realidad colectiva como una derrota y la libertad individual –en este caso de viajar-, prima sobre cualquier defensa de lo laboral.



Reaccionario también, porque precisamente los pocos sectores que todavía cuentan con capacidad de presión, son precisamente aquellos a los que la ciudadanía acusa de privilegiados, ya que ellos, no gozan de semejante placer.

Es la guerra del penúltimo contra el último, de autóctonos contra inmigrantes, y al mismo tiempo, de precarios y temporales contra trabajadores del sector público.

Un planteamiento idóneo para alisar el espacio del capital y llevar a cabo todo tipo de reformas, que siempre benefician a intereses privados, a costa del resto, también de los que viajan.

Cuando privaticen AENA, quizá por el peso con el que todavía cuentan los sindicatos en las negociaciones, se logren salvar el grueso de condiciones laborales actuales, pero en cualquier caso, será una medida temporal donde los nuevos que entren, lo harán bajo el manto de la precariedad y la subcontrata.

Muchos de los hijos e hijas de los activistas iracundos, que hoy atacan todo lo que huela a huelga, mañana cuando sufran la precariedad, tendrán que agradecerle a sus progenitores el legado de la vida que lleven.





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